Saturday, March 21, 2009

El Desafío de América Latina

Por Noam Chomsky
Hace más de un milenio, mucho antes de la conquista europea, una civilización perdida floreció en un área que conocemos ahora como Bolivia.
Los arqueólogos están descubriendo que Bolivia tenía una sociedad muy sofisticada y compleja, o, para usar sus palabras, uno de los medios ambientes artificiales más grandes, extraños y ecológicamente más ricos del planeta... sus poblaciones y ciudades eran grandes y formales, y eso creó un panorama que era una de las obras de arte más grandes de la humanidad.
Ahora Bolivia, junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.
Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido un impacto significativo en países y en la lenta emergencia de instituciones regionales.
Entre ellas figuran el Banco del Sur, respaldado en 2007 por el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, en Caracas, Venezuela; y el Alba, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, que podría demostrar ser un verdadero amanecer si su promesa inicial puede concretarse.
El Alba suele ser descrito como una alternativa al Tratado de Libre Comercio de las Américas patrocinado por Estados Unidos, pero los términos son engañosos. Debe ser entendido como un desarrollo independiente, no como una alternativa. Y además, los llamados acuerdos de libre comercio tienen sólo una limitada relación con el comercio libre, o inclusive con el comercio en cualquier sentido serio del término.
Y ciertamente no son acuerdos, al menos si las personas forman parte de sus países. Un término más preciso sería acuerdos para defender los derechos de los inversionistas, diseñados por corporaciones multinacionales y bancos y estados poderosos para satisfacer sus intereses, establecidos en buena parte en secreto, sin la participación del público, o sin que tengan conciencia de lo que está ocurriendo.
Otra prometedora organización regional es Unasur, la Unión de Naciones de América del Sur. Modelada en base a la Unión Europea, Unasur se propone establecer un Parlamento sudamericano en Cochabamba, Bolivia. Se trata de un sitio adecuado. En 2000, el pueblo de Cochabamba inició una valiente y exitosa lucha contra la privatización del agua. Eso despertó la solidaridad internacional, pues demostró lo que puede conseguirse a través de un activismo comprometido.
La dinámica del Cono Sur proviene en parte de Venezuela, con la elección de Hugo Chávez, un presidente izquierdista cuya intención es usar los ricos recursos de Venezuela para beneficio del pueblo venezolano en lugar de entregarlos para la riqueza y el privilegio de aquellos en su país y el exterior. También tiene el propósito de promover la integración regional que se necesita de manera desesperada como prerequisito de la independencia, para la democracia, y para un desarrollo positivo.
Chávez no está solo en esos objetivos. Bolivia, el país más pobre del continente, es tal vez el ejemplo más dramático. Bolivia ha trazado un importante sendero para la verdadera democratización del hemisferio. En 2005, la mayoría indígena, la población que ha sufrido más represiones en el hemisferio, ingresó en la arena política y eligió a uno de sus propias filas, Evo Morales, para impulsar programas que derivaban de organizaciones populares.
La elección fue solamente una etapa en las luchas en curso. Los tópicos eran bien conocidos y graves: el control de los recursos, los derechos culturales y la justicia en una compleja sociedad multiétnica, y la gran brecha económica y social entre la gran mayoría y la elite acaudalada, los gobernantes tradicionales.
En consecuencia, Bolivia es también ahora el escenario de la confrontación más peligrosa entre la democracia popular y las privilegiadas elites europeizadas que resienten la pérdida de sus privilegios políticos y se oponen por lo tanto a la democracia y a la justicia social, a veces de manera violenta. De manera rutinaria, disfrutan del firme respaldo de Estados Unidos.
En septiembre pasado, durante una reunión de emergencia de Unasur en Santiago, Chile, líderes sudamericanos declararon su firme y pleno respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, cuyo mandato fue ratificado por una gran mayoría, aludiendo a su victoria en el reciente referéndum.
Morales agradeció a Unasur, señalando que por primera vez en la historia de América del Sur, los países de nuestra región están decidiendo cómo resolver sus problemas, sin la presencia de Estados Unidos.
Estados Unidos ha dominado desde hace mucho la economía de Bolivia, especialmente mediante el procesamiento de sus exportaciones de estaño.
Como el experto en asuntos internacionales Stephen Zunes señala, a comienzos de la década de los años 50, en un momento crítico de los esfuerzos de la nación para convertirse en autosuficiente, el gobierno de Estados Unidos obligó a Bolivia a utilizar su escaso capital no para su propio desarrollo, sino para compensar a ex dueños de minas y repagar su deuda externa.
La política económica que se impuso a Bolivia en esa época fue precursora de los programas de ajuste estructural implementados en el continente 30 años más tarde, bajo los términos del neoliberal Consenso de Washington, que ha tenido por lo general efectos desastrosos.
Ahora, las víctimas del fundamentalismo del mercado neoliberal incluyen también a países ricos, donde la maldición de la liberalización financiera ha traído la peor crisis financiera desde la gran depresión.
Las modalidades tradicionales del control imperial –violencia y guerra económica– se han aflojado. América Latina tiene opciones reales. Washington entiende muy bien que esas opciones amenazan no sólo su dominación en el hemisferio, sino también su dominación global. El control de América Latina ha sido el objetivo de la política exterior de Estados Unidos desde los primeros días de la república.
Si Estados Unidos no puede controlar América Latina, no puede esperar concretar un orden exitoso en otras partes del mundo, concluyó en 1971 el Consejo Nacional de Seguridad en la época de Richard Nixon. También consideraba de importancia primordial destruir la democracia chilena, algo que hizo.
Expertos de la corriente tradicional reconocen que Washington sólo ha respaldado la democracia cuando contribuía a sus intereses económicos y estratégicos. Esa política ha continuado sin cambios, hasta el presente.
Esas preocupaciones antidemocráticas son la forma racional de la teoría del dominó, en ocasiones calificada, de manera precisa, como la amenaza del buen ejemplo. Por tales razones, inclusive la menor desviación de la más estricta obediencia es considerada una amenaza existencial que es respondida de manera dura. Eso va desde la organización del campesinado en remotas comunidades del norte de Laos, hasta la creación de cooperativas de pescadores en Granada.
En una América Latina con una flamante autoconfianza, la integración tiene al menos tres dimensiones. Una es regional, un prerrequisito crucial para la independencia, que dificulta al amo del hemisferio escoger países, uno después de otro. Otra es global, al establecer relaciones entre sur y sur y diversificar mercados e inversiones. China se ha convertido en un socio cada vez más importante en los asuntos hemisféricos. Y la última es interna, tal vez la dimensión más vital de todas.
América Latina es famosa por la extrema concentración de riqueza y de poder, y por la falta de responsabilidad de las elites privilegiadas con respecto al bienestar de sus países.
América Latina tiene grandes problemas, pero hay también desarrollos prometedores que podrían anunciar una época de verdadera globalización. Se trata de una integración internacional en favor de los intereses de pueblo, no de inversionistas y de otras concentraciones del poder.
Nota:
Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts de Cambridge y uno de los intelectuales más prominentes de Estados Unidos. Los ensayos de Noam Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press.
Articulo publicado originalmente en el diario La Jornada de México, 15 de Marzo de 2009.

Friday, March 6, 2009

Algo Más Que Sol, Mar y Playa

Por Rolando Hugo Vergara

Chile es un país imprevisible, donde la imaginación a menudo sucumbe ante las impresionantes sorpresas. Para mí, sigue siendo todavía un país desconocido o un territorio por descubrir. En cada uno de mis viajes, he tenido la oportunidad de conocer lugares geográficos inéditos y grupos humanos originales.
Este verano, que aún no termina en el extremo sur, estuvimos de vacaciones en Pingueral. Me atrevería a apostar que no son muchos en el país, y menos todavía afuera, los que conocen este hermoso rincón del sur de Chile.
Pingueral es un exclusivo complejo turístico residencial, ubicado a sólo 30 kilómetros de la ciudad Concepción y a unos pasos del balneario Dichato, que obsequia al visitante la abrumadora tranquilidad de sus playas de arenas blancas y la frescura verde de sus bosques que purifican el entorno. Según el Diario El Sur, Pingueral se ha convertido en el resort más importante de la VIII Región.
A un costado de la playa y junto un cerro, se despliegan las calles y avenidas de la villa. Sobresale la originalidad arquitectónica de las casas, las cuales son grandes, bonitas, modernas y con áreas verdes bien cuidadas. Es difícil encontrar dos viviendas iguales.
Una de las cosas que, tal vez, más impresiona es el novedoso concepto de desarrollo urbano que se quiso implementar. Es un proyecto de urbanización abierto, donde las casas no tienen cercos, los sitios no tienen murallas, las ventanas no tienen rejas, no hay portones con seguros electrónicos y tampoco candados colgando de las puertas. La gente vive en un ambiente seguro y controlado, con una extraordinaria tranquilidad para todos, sin asaltos, sin robos y sin problemas de tráfico vehicular. Pingueral, dicen sus vecinos, “es como vivir en otro país”.
Y tienen razón, es la cara enteramente opuesta al país que conocemos. A pesar del aprecio que tengo por el país, debo confesar que detesto con toda mi alma ese Chile con aspecto de cárcel o campo de concentración que tienen sus casas, sus barrios y sus ciudades. Me causan tremenda angustia las rejas metálicas y los muros que se construyen por todas partes, me provocan escalofríos las puntas afiladas de los vidrios y las alambradas amenazantes que coronan las paredes.
En ese país hostil, inseguro y al acecho, Pingueral es como un oasis de serenidad y tranquilidad.
El gestor e impulsor de este verdadero paraíso turístico residencial es el empresario Gustavo Yánquez Mery, quien comenzó a desarrollar el proyecto en 1990 con la idea de “replicar el modelo Santiago-Viña del Mar” en la gran ciudad de Concepción.
El empresario, sin dudas, ha sido exitoso en el desarrollo de su proyecto. En la actualidad, después de 19 años, existen 450 familias que son propietarios de casas y unos 300 dueños de departamentos en los cuatro edificios que conforman el proyecto Costa Pingueral. En casi dos décadas, según cifras de la empresa, se han invertido cerca de 80 millones de dólares.
Los planes del empresario se vieron, sin embargo, imprevistamente perturbados durante el verano 2006 cuando Andrea Contreras Dueza, una mujer de la ciudad de Chillán, interpuso una denuncia en el Ministerio de Bienes Nacionales, luego que los guardias de seguridad que controlan día y noche el lugar, le impidieran el ingreso a la playa. En su reclamo la mujer alegaba que Pingueral era una playa pública y por lo tanto de uso de todos los chilenos.
Gustavo Yánquez, en entrevista a la revista digital “Nos Identifica”, acusa que detrás de la obsesión por abrir la playa al uso público hay una “maquinación política de la ex intendenta de Chillán María Soledad Tohá y un par de personas más”.
El Ministerio de Bienes Nacionales, a través de la Secretaria Regional Ministerial del Bio- Bio, encargada de realizar la investigación emitió en Junio de 2008, una resolución que lleva la firma de la Intendenta Maria Angélica Fuentes, ordenando abrir el acceso público a Pingueral. Meses más tarde, la Corte de Apelaciones de Concepción, ante un recurso de protección presentado por los propietarios de Pingueral, ratificó la resolución del organismo gubernamental.
Es importante mencionar que los fundamentos jurídicos de la resolución del gobierno emanan del decreto ley No 1.939 de 1977, que en su artículo 13 “garantiza el libre acceso a las playas para fines turísticos y de pesca”.
Al mismo tiempo, el Código Civil en su artículo 589 define con claridad que “se llaman bienes nacionales aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda.” Y agrega que “si además su uso pertenece a todos los habitantes de la nación, como el de calles, plazas, puentes y caminos, el mar adyacente y sus playas, se llaman bienes nacionales de uso público o bienes públicos.”
La Ministra de Bienes Nacionales, Romy Schmidt, por su parte, en visita a terreno y desde la misma playa Pingueral, señaló a la prensa en forma categórica que “en Chile no existen las playas privadas”.
En este instante el caso Pingueral se encuentra a la espera de una resolución definitiva por parte del Tribunal Constitucional.
Llama la atención que hubiera sido una sola persona, una sola ciudadana, una sola mujer, quien reclamara su derecho a usar un bien público como son las playas del país. No fue un grupo de ciudadanos ni tampoco organizaciones sociales las que hicieron la denuncia; a pesar que ahora es posible encontrar en Facebook un grupo de personas que se ha pronunciado a favor de ella.
Este hecho demuestra que una gran mayoría de los chilenos padecen, aún, del ‘síndrome dictadura” y simplemente adoptan una actitud de resignación y claudicación frente a la violación de sus derechos.
Son elogiables las ideas innovadoras de cualquier empresa, pero es inaceptable la venta, con fines de lucro, de exclusividad, seguridad y tranquilidad a un grupo de vecinos, a costa de conculcar los derechos de los demás.
Las maravillosas e impresionantes sorpresas que depara la geografía de nuestro país, como son sus playas de mar, lagos y ríos, no son propiedad de unos pocos acaudalados, sino de todos los ciudadanos. Es hora, ya, que los chilenos, emulando el ejemplo de Andrea Contreras, recuperen definitivamente los bienes nacionales y riquezas naturales que les pertenecen.

*El autor es investigador del Latin American Research Institute

Sunday, February 22, 2009

“La Derecha Chilena es Tonta”


Por Libio Pérez


Gabriel Salazar, que en el 2006 recibió el Premio Nacional de Historia, tiene siempre muchos proyectos que combina con su trabajo docente en la universidad y sus reflexiones políticas. Pero hay dos que le consumen más tiempo. El primero es la creación de una "Mancomunal del pensamiento crítico", en conjunto con otros historiadores y pensadores sociales, y en la que, a la vieja usanza de las organizaciones creadas por el movimiento obrero de inicios del siglo XX, sus integrantes paguen una cuota para pertenecer a la instancia. En ella, las investigaciones, reflexiones y debates tienen como objetivo crear un proyecto político de cuño socialista de nuevo tipo. Salazar se apresura en aclarar que no se trata de formar un partido, sino de generar ideas que impulsen a la organización de los sectores populares. Es la nueva empresa de este historiador de 73 años que ha dedicado su vida a estudiar la historia de "los de abajo".
El otro proyecto ya está materializado en más de sesenta entrevistas con el ex líder del Partido Socialista, Carlos Altamirano. Será un libro que saldrá a circulación este año y que se asemeja a las memorias de quien ha sido estigmatizado hasta el extremo de ser apuntado como el responsable del golpe militar de 1973. Salazar dice que en realidad el libro contendrá las reflexiones políticas, desde la historia, de un líder que sigue pensando en un proyecto emancipador que lleve a Chile a una nueva forma de socialismo.
Pero Salazar también mantiene un ojo puesto en el desarrollo de la actual crisis global, compara, saca conclusiones y dispara.

-El debate sobre el carácter de la crisis global aún no decanta, pero muchos intelectuales plantean que la crisis es sistémica, ¿qué piensa usted?
-Sí, creo que es sistémica, pero en un sentido distinto a la crisis de los años treinta, porque en ese tiempo el sistema capitalista estaba organizado en torno al capital industrial, que además estaba constituido en grandes unidades empresariales, con grandes monopolios. Hoy, en cambio, el sistema no está constituido en torno al capital productivo, está basado en el capital financiero, que tiene otra base social y determina otro tipo de sistema, abierto, basado en la circulación más que en el capital fijo, que pone menos énfasis en las relaciones sociales de producción y enfatiza en las relaciones que Marx llamaría "la plusvalía de circulación". La otra, la "plusvalía de producción", es aquella que se genera en el proceso productivo antes del pago del salario. Estamos ante un sistema distinto al del capitalismo de los años treinta: ahora es mucho más flexible, más móvil y de circulación, por eso la crisis no se presenta con las características de hace ochenta años, pero es tanto o más profunda que esa.

-Chile fue el país más golpeado en el mundo por la crisis de los años treinta. ¿Podría volver a suceder en la medida que nuestra economía se sustenta en la exportación de materias primas?
-Es muy probable. Pero falta información para hacer una buena comparación, la investigación sobre la economía chilena ha sido muy débil en los últimos años, todo está basado en indicadores de corto plazo y son muy pocos los que analizan estos problemas en los términos de la vieja economía política, es decir, desde el punto de vista de las estructuras económicas. Falta información sobre el porcentaje que el capital extranjero tiene dentro de la economía nacional. Todo indica que es altísimo, pero falta saber cómo está constituido. En la crisis del treinta, el capital extranjero dominaba casi el 70% de la economía chilena, pero era capital comercial y la crisis fue comercial. Por eso golpeó violentamente al capital extranjero en Chile y como éste era el motor de la economía nacional, el país quedó paralizado. Hoy sabemos que el capital extranjero está en las AFPs, en las isapres o en las sanitarias, pero no sabemos cómo su crisis puede afectar a la economía chilena. No creo que sea muy diferente a lo que pasó en los treinta, cuando Chile fue el más afectado en el mundo de acuerdo a los datos de la Liga de las Naciones. Las exportaciones cayeron en un 80% y las importaciones en un 90%, o sea Chile se quedó sin comercio exterior, que era el eje de la economía. La actual crisis todavía no pega su "huascazo" más duro, pero las exportaciones ya han caído en casi un 40%.

-El sistema capitalista global viene bajando sus tasas de utilidades desde mediados de los setenta, hasta llegar a un 25%. A inicios de los ochenta estalló otra crisis, que también golpeó con fuerza a la economía chilena, ¿en qué se parece aquella a ésta que estamos viviendo?
-La de 1982 fue la crisis del modo de producción industrial, del capitalismo centrado en la industria, lo que se llamaba el "fordismo"; es decir, grandes empresas industriales produciendo a enormes escalas. Eso hizo crisis y con ello la socialdemocracia, el populismo y el desarrollismo, lo que permitió la entrada triunfal del neoliberalismo a mediados de los ochenta, cuando el FMI toma el control e impone al mundo el "Consenso de Washington". Por eso me parece que son crisis distintas; ésta es de nuevo tipo porque comienza en las burbujas superiores del capitalismo financiero, centradas en el crédito, que permitió ganancias espectaculares, especulaciones y fraudes fabulosos, como el de Madoff o las platas destinadas a la reconstrucción de Irak. El capital financiero estimula a que los especuladores jueguen con estructuras de crédito basadas en otras estructuras de crédito. Por eso esta crisis es imprevisible y tal vez con impactos más profundos en las políticas públicas.

-Las tres veces el Estado ha tenido que intervenir con fuerza, y es lo que se está pidiendo en esta vuelta también.
-En la de los treinta fue tan potente que eso que expresó en los tratados de Bretton Woods de 1944, cuando se levanta una estructura política internacional que controla, planifica y regula, pero eso hizo crisis el 82, por eso después se abren las economías, toma fuerza el FMI y es el mercado el que regula y el Estado se ve obligado a desregular. Esto es lo que hoy hace crisis, por eso ésta es diferente a las dos anteriores. Ahora se ha hecho inevitable la intervención brutal del Estado.

-¿Cree que eso no permanecerá en el tiempo?
-Será inevitable que esto conduzca al renacimiento de un neokeynesianismo, un nuevo tipo de intervencionismo estatal combinado con el concepto de una economía libre y una democracia abierta, pero es inevitable que el Estado nacional establezca controles a todo esto o emanen estructuras internacionales políticas que regulen. Naciones Unidas ya no sirve para esto, habría que inventar una. Algo de esto está en debate en la OCDE o en Davos, que son asambleas informales que buscan crear una cabeza política.

-¿Qué cree que pasará en Chile al respecto?
-Chile tiene una particularidad: tiene una derecha que es tonta, una oligarquía que es tonta. No piensa la realidad tal como es, no la piensa dialécticamente. Nunca hemos tenido una oligarquía capitalista que esté en la cresta de la ola del capitalismo, siempre ha estado en toda su historia atrasada en una etapa. Porque toda nuestra oligarquía, desde mediados del siglo XIX, nunca ha sido industrial, ha sido siempre comercial-financiera, incluso más comercial que financiera. ¿Quién es Horst Paulmann? Un almacenero, compra barato y vende caro. Lo mismo Falabella, Ripley, las cadenas de farmacias.

-Pero hubo un periodo en que los empresarios invertían en su capital humano, capacitaban, empresas como Oveja Tomé o la Papelera creaban poblaciones para sus obreros, cuidaban a sus trabajadores; eso ha desaparecido.
-La verdad es que la industria chilena surge a mediados del siglo XIX, no con la Corfo en 1939 como dicen los políticos. Y los pioneros de la industria chilena son extranjeros, los de la segunda oleada colonizadora, ingleses, alemanes o franceses. La primera oleada colonizadora, los españoles, fue de comerciantes, por eso la vieja oligarquía chilena es mercantil. La segunda oleada inmigrante viene de la revolución industrial y llega a Chile fundando industria, por eso entra en conflicto con la oligarquía nacional mercantil que es librecambista, lo que produjo las dos revoluciones del siglo XIX y problemas históricos que se arrastraron por años. La oligarquía chilena siempre ha estado atrasada, porque no aplastó el desarrollo industrial pero tampoco permitió su desarrollo. Por eso recién se habla de industrialización cuando el Estado interviene, para favorecer a la industria, que de nuevo son extranjeros, pero ahora son árabes, italianos sefarditas, croatas. De ahí vienen los Luksic, los Yarur y otros. Pero en la práctica nunca hemos tenido una oligarquía que esté en la cresta de la ola capitalista, no piensa con los ritmos del capitalismo que está históricamente al día. Por eso ante esta crisis reaccionará como ya lo está haciendo, con un antiestatismo a como dé lugar para mantener el librecambismo.

-Después de estar en Davos, Sebastián Piñera escribió que la crisis era resultado de la "naturaleza humana" y la especulación, pero que la responsabilidad era del Estado por no regular, ¿qué piensa de esa reflexión?
-Los empresarios chilenos nunca han pensado conforme a los procesos históricos que se viven ni a la ciencia económica. Piensan en función de sus viejas ideologías y monsergas que son muy primitivas. Es absurdo porque es evidente que esta crisis la ha creado el afán especulativo de los grandes consorcios, ¡ahí están los escándalos financieros, es ridículo culpar al Estado! El mismo Piñera afirmaba que el Estado nunca debía intervenir. Si desde Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, hasta George Soros, un millonario especulador, venían diciendo hace una década que el capital financiero es inestable, especulativo y que creaba burbujas que podían provocar un enorme daño.

-Los candidatos presidenciales han esbozado algunas medidas para afrontar la crisis, pero no han presentado una propuesta de mayor alcance, ¿qué le parece cada uno de ellos?
-Ninguno de los dos principales candidatos presidenciales pueden ser definidos como un político intelectual, es decir alguien que esté pensando la realidad en su propia dinámica y que en función de eso el futuro gobernante sea un estadista que le da al país un rumbo, capaz de superar los problemas más allá de la coyuntura. Ni Piñera ni Frei tienen esas condiciones. Los dos actúan en base a viejas consignas e ideas, nada nuevo, puro sentido común, no están montándose encima de la coyuntura histórica. Tal vez el programa de Frei, con su idea de estatización del sistema de transporte público y de una nueva Constitución, pueda ser más interesante, pero todavía no lo conocemos. En tanto, los cuatro candidatos que postulan por la izquierda extraparlamentaria me dan pena.

-¿Por qué?
-No están postulando una alternativa, están queriendo meterse al sistema por el lado para hacer una Concertación chiquita. Eso se ha repetido siete veces en la historia reciente de Chile. Aparece un partido de izquierda por fuera para representar al movimiento popular, logra meterse en el Estado, sus parlamentarios se identifican con el resto de los intereses políticos y pasan a ser parte de la oligarquía y eso hace y obliga a que surja otro partido político por la izquierda. Así sucedió con los liberales, los radicales, los demócratas, con el Partido Obrero Socialista de Luis Emilio Recabarren, luego con los comunistas, los socialistas y hasta con el MIR, ¿quiénes son los miristas hoy? Todos, salvo algunas excepciones, están metidos en el sistema.

Nota: La entrevista fue publicada originalmente en el diario chileno La Nación.

Wednesday, December 17, 2008

Capitalistas Estúpidos


Joseph Stiglitz


Algún día se habrán calmado las amenazas más urgentes posadas por la crisis crediticia y nos veremos ante la tarea principal de elaborar una dirección para los pasos económicos del futuro. Será un momento peligroso. Detrás de los debates sobre la política futura hay un debate sobre la historia: un debate sobre las causas de nuestra situación actual. La batalla por el pasado determinará la batalla por el presente. Por lo tanto es crucial entender bien la historia.
¿Cuáles fueron las decisiones críticas que llevaron a la crisis? Se cometieron errores en cada encrucijada – tuvimos lo que los ingenieros llaman una “falla del sistema:” cuando no solo una decisión sino una cascada de decisiones producen un resultado trágico. Consideremos cinco momentos cruciales:

No. 1: Despido del Presidente

En 1987 el gobierno de Reagan decidió remover a Paul Volcker de su puesto de presidente del Consejo de la Reserva Federal y nombrar en su lugar a Alan Greenspan. Volcker había hecho lo que supuestamente es la tarea de los banqueros centrales. Bajo su control, la inflación fue reducida de más de un 11% a un 4%. En el mundo de la banca central, eso le habría significado un grado de A+++ y asegurado su renombramiento. Pero Volcker también entendió que los mercados financieros deben ser regulados. Reagan quería a alguien que no creyera algo semejante, y lo encontró en un devoto de la filósofa objetivista y fanática del libre mercado, Ayn Rand.
Greenspan tuvo un doble papel. La Reserva Federal controla el grifo del dinero, y en los primeros años de esta década, lo abrió a todo dar. Pero la Fed también es un regulador. Si se nombra a un anti-regulador como brazo ejecutor, se sabe el tipo de ejecución que se tendrá. Un torrente de liquidez combinado con diques reguladores defectuosos resultaron ser desastrosos.
Greenspan presidió la Fed en un período de dos burbujas financieras. Después de que reventó la burbuja de la alta tecnología, en 2000 – 2001, ayudó a inflar la burbuja de la vivienda. La primera responsabilidad de un banco central debería ser el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero. Si los bancos prestan sobre la base de valores artificialmente altos de los activos, el resultado puede ser una catástrofe como la que estamos viendo, y Greenspan lo debiera haber sabido. Tenía muchos de los instrumentos necesarios para hacer frente a la situación. Para encarar a la burbuja de la alta tecnología, podría haber aumentado los requerimientos marginales (la cantidad de dinero que deben financiar los compradores con sus propios medios para adquirir acciones). Para deflacionar la burbuja de la vivienda, podría haber limitado los préstamos depredadores a hogares de bajos ingresos y prohibido otras prácticas insidiosas (los préstamos sin documentación o “mentirosos”, los préstamos sólo con intereses, etc.). Esto habría ido bastante lejos para protegernos. Si no tenía los instrumentos, podría haber ido al Congreso y haberlos solicitado.
Desde luego, los actuales problemas con nuestro sistema financiera no son sólo el resultado de préstamos incobrables. Los bancos han hecho mega-apuestas mutuas mediante instrumentos complicados como los derivados, “credit-default swaps” (CDS), etc. Con estos, una parte paga a la otra si ocurren ciertos eventos; por ejemplo, si quiebra Bear Stearns, o si el dólar aumenta. Estos instrumentos fueron originalmente creados para ayudar a gestionar el riesgo, pero pueden también ser utilizados para jugar por dinero. Por lo tanto, si uno se siente seguro de que el dólar va a caer, podría hacer una gran apuesta correspondiente, y si el dólar verdaderamente cayera, sus ganancias aumentarían considerablemente. El problema es que, con este complejo entrelazado de apuestas de gran magnitud, nadie podía estar seguro de la posición financiera del otro, o incluso de la propia. No es sorprendente que los mercados crediticios se hayan paralizado.
Greenspan también jugó un papel en esto. Cuando yo era presidente del Consejo de Asesores Económicos, durante el gobierno de Clinton, participé en un comité de todos los principales reguladores financieros federales, un grupo que incluía a Greenspan y al Secretario del Tesoro Robert Rubin. Incluso entonces, era obvio que los derivados planteaban un peligro. No lo señalé de un modo tan memorable como Warren Buffett – quien vio en los derivados “armas financieras de destrucción masiva” – pero comprendimos lo que quería decir. Y sin embargo, con todo ese riesgo, los desreguladores a cargo del sistema financiero – en la Fed, en la Comisión de Mercados e Inversores de Estados Unidos, (SEC), y en otros sitios – decidieron no hacer nada, preocupados de que cualquier acción podría interferir con la “innovación” del sistema financiero. Pero la innovación, como el “cambio,” no tiene un valor inherente. Puede ser mala (los préstamos “mentirosos” son un buen ejemplo) así como buena.

No. 2: Demoliendo los Muros

La filosofía de la desregulación pagó dividendos indeseados durante años. En noviembre de 1999, el Congreso revocó la Ley Glass-Steagall – culminación de un esfuerzo de cabildeo de 300 millones de dólares por las industrias bancarias y de servicios financieros, y liderado en el Congreso por el senador Phil Gramm. Glass-Steagall había separado desde hace tiempo a los bancos comerciales (que prestan dinero) y a los bancos de inversiones (que organizan la venta de bonos y valores); había sido promulgada como consecuencia de la Gran Depresión y debía limitar los excesos de esa era, incluidos los conflictos de intereses. Por ejemplo, sin separación, si una compañía cuyas acciones habían sido emitidas por un banco de inversión, con su fuerte apoyo, se metía en problemas, ¿no sentiría su brazo comercial, si lo tuviera, presión para prestarle dinero, tal vez insensatamente? No cuesta prever la espiral resultante de malas decisiones. Yo me había opuesto a la revocación de Glass- Steagalll. Sus defensores dijeron, en efecto: Confiad en nosotros, creamos murallas chinas para asegurar que los problemas del pasado no vuelvan a ocurrir. Como economista, yo poseía ciertamente un grado saludable de confianza, confianza en el poder de los incentivos económicos para desviar la conducta humana hacia el interés propio a corto plazo, en todo caso, en lugar del “interés propio bien entendido” de Tocqueville.
La consecuencia más importante de la revocación de Glass-Steagall fue indirecta – ésta cambió toda una cultura. Se supone que los bancos comerciales no son empresas de alto riesgo; se supone que administran el dinero de otros de un modo muy conservador. Basado en este entendimiento el gobierno acepta pagar la cuenta si llegan a quebrar. Los bancos de inversión, por otra parte, han administrado tradicionalmente el dinero de gente acaudalada – gente que puede tomar riesgos mayores para obtener mayores ganancias. Cuando la revocación de Glass-Steagall juntó a los bancos de inversiones y comerciales, la cultura de la banca de inversiones salió ganando. Existía una demanda para el tipo de altas ganancias que sólo podían ser obtenidas mediante un alto apalancamiento y la aceptación de grandes riesgos.
Hubo otros pasos importantes en el camino desregulador. Uno fue la decisión en abril de 2004 de la Comisión de Mercados e Inversores de Estados Unidos, (SEC), tomada en una reunión a la que no asistió casi nadie y que fue pasada por alto en gran parte, de permitir que los grandes bancos de inversiones aumentaran su ratio de deuda a capital (de 12:1 a 30:1, o más) para poder comprar más valores respaldados por hipotecas, inflando al hacerlo la burbuja de la vivienda. Al aceptar esa medida, la SEC argumentó a favor de las virtudes de la autorregulación: la noción peculiar de que los bancos pueden controlarse efectivamente a sí mismos. La autorregulación es disparatada, como reconoce ahora hasta Alan Greenspan, y como asunto práctico no puede, en todo caso, identificar riesgos sistémicos – los tipos de riesgos que aparecen cuando, por ejemplo, los modelos utilizados por cada uno de los bancos para administrar sus carteras de inversiones indican a todos los bancos que vendan de golpe algunos valores.
Cuando echamos por tierra las antiguas regulaciones, no hicimos nada por encarar los nuevos desafíos planteados por los mercados del Siglo XXI. El desafío más importante fue el planteado por los derivados. En 1998, la jefa de la Comisión del Comercio en Futuros sobre Mercancías de EE.UU., Brooksley Born, había llamado a que hubiera una tal regulación – una preocupación que ganó en urgencia después que la Fed, en ese mismo año, organizó el rescate de Long-Term Capital Management, un hedge fund cuya quiebra de más de un billón de dólares amenazó los mercados financieros globales. Pero el Secretario del Tesoro, Robert Rubin, su Secretario-Adjunto, Larry Summers, y Greenspan, fueron inflexibles y exitosos en su oposición. No se hizo nada.

No. 3: Aplicando Sanguijuelas

Luego vinieron los recortes tributarios de Bush, el primero efectuado el 7 de junio de 2001 y el segundo dos años después. El presidente y sus asesores parecían creer que recortes tributarios, especialmente para estadounidenses de altos ingresos, constituían un cura-lo-todo para cualquier enfermedad económica – el equivalente moderno de sanguijuelas. Las reducciones de impuestos jugaron un papel fundamental en la conformación de las condiciones que crearon el trasfondo de la actual crisis. Como su contribución al estímulo de la economía fue mínima, el verdadero impulso quedó en manos de la Fed, que emprendió la tarea con tasas bajas y liquidez sin precedentes. La guerra en Iraq empeoró las cosas, porque llevó a un aumento brutal de los precios del petróleo. Ante la dependencia de EE.UU. de las importaciones de petróleo, tuvimos que gastar varios cientos de millones de dólares más para comprar petróleo – dinero que de otra manera habría sido gastado en bienes estadounidenses. Normalmente eso hubiera llevado a una ralentización económica, como lo hizo en los años setenta. Pero la Fed enfrentó el desafío del modo más miope que se pueda imaginar. El diluvio de liquidez hizo que el dinero fuera fácilmente disponible en los mercados hipotecarios, incluso para los que normalmente no estarían en condiciones de pedir prestado. Y, sí, eso logró impedir una desaceleración económica: la tasa de ahorro doméstica de EE.UU. cayó a cero. Pero debiera haber sido obvio que estábamos viviendo de dinero prestado, y de tiempo prestado.
La reducción de la tasa de impuestos sobre ganancias del capital contribuyó de otra manera a la crisis. Fue una decisión que enfocaba los valores: los que especulaban (léase: jugaban con dinero) y ganaban eran gravados menos que los que ganaban un salario, los que simplemente trabajaban duro. Pero más que eso, la decisión alentaba el apalancamiento, porque los intereses eran deducibles de los impuestos. Si, por ejemplo, se pedía prestado un millón para comprar una casa o se tomaba un préstamo sobre la apreciación inmobiliaria por 100.000 dólares para comprar acciones, los intereses serían totalmente deducibles cada año. Cualquier ganancia de capital que se hacía era levemente gravada – en algún día posiblemente remoto en el futuro. El gobierno de Bush hacía una invitación abierta a los excesos al pedir prestado y prestar – pero los consumidores estadounidenses no necesitaban que los estimularan para hacerlo.

No. 4: Falsificación de las Cifras

Mientras tanto, el 30 de junio de 2002, después de una serie de grandes escándalos – notablemente el colapso de WorldCom y Enron – el Congreso aprobó la Ley Sarbanes-Oxley. Los escándalos habían involucrado a cada firma contable estadounidense, a la mayoría de nuestros bancos, y a algunas de nuestras principales compañías, y dejaron en claro que teníamos serios problemas con nuestro sistema de contabilidad. La contabilidad es un tópico que causa sueño a la mayoría de la gente, pero si no se puede confiar en las cifras de una compañía, no se puede confiar en nada respecto a una compañía. Por desgracia, en las negociaciones sobre lo que llegó a ser Sarbanes-Oxley, se tomó la decisión de no encarar lo que muchos, incluyendo el respetado anterior jefe de la SEC, Arthur Levitt, consideraban un problema subyacente fundamental: las opciones de compra de acciones. Las opciones de compra de acciones habían sido defendidas como la contribución de saludables incentivos para una buena administración, pero en realidad eran sólo tenían el nombre de “pagos de incentivos”. Si a una compañía le va bien, su jefe ejecutivo obtiene grandes compensaciones en la forma de opciones de compra de acciones; si a una compañía le va mal, la compensación es casi del mismo tamaño, pero otorgada de otras maneras. Es bastante malo. Pero un problema colateral con las opciones de compra de acciones es que ofrecen incentivos para llevar una mala contabilidad: el personal directivo superior tiene todos los incentivos para suministrar información distorsionada a fin de elevar los precios de las acciones.
La estructura de incentivos en las agencias de calificación también resultó ser perversa. Agencias como Moody's y Standard & Poor's son pagadas por los mismos a los que supuestamente deben calificar. Como resultado, tienen todos los motivos del mundo para dar buenas calificaciones a las compañías, en una versión financiera de lo que los profesores universitarios conocen como inflación de notas. Las agencias de calificación de riesgos, como los bancos de inversión que les pagaban, creían en la alquimia financiero – que hipotecas tóxicas de grado F podían ser convertidas en productos suficientemente seguros para estar en poder de bancos comerciales y fondos de pensión. Habíamos visto el mismo fracaso de las agencias de calificación durante la crisis del Este Asiático durante los años noventa: altas calificaciones facilitaron una fuerte corriente de dinero hacia la región, y luego una repentina inversión de las calificaciones produjo la ruina. Pero los supervisores financieros no se interesaron.

No. 5: Que se Desangre

El momento decisivo final vino con la aprobación de un paquete de rescate el 3 de octubre de 2008 – es decir, con la reacción del gobierno a la crisis en sí. Sentiremos las consecuencias durante años. Tanto el gobierno como la Fed habían sido impulsados desde hace tiempo por ilusiones, esperando que las malas noticias fueran sólo un accidente pasajero, y que un retorno al crecimiento estuviera a la vuelta de la esquina. Mientras los bancos de EE.UU. enfrentaban el colapso, el gobierno viraba de un modo de actuar a otro. Algunas instituciones (Bear Stearns, A.I.G., Fannie Mae, Freddie Mac) fueron rescatadas. Lehman Brothers no. Algunos accionistas recuperaron algo. Otros no.
La propuesta original del Secretario del Tesoro, Henry Paulson, un documento de tres páginas que habría proporcionado 700.000 millones de dólares al secretario para gastar a su sola discreción, sin supervisión o revisión judicial, fue un acto de extraordinaria arrogancia. Vendió el programa como necesario para restaurar confianza. Pero no encaró las razones subyacentes de la pérdida de confianza. Los bancos habían otorgado demasiados préstamos incobrables. Tenían grandes agujeros en sus balances. Nadie sabía lo que era verdad y lo que era ficción. El paquete de rescate fue como una masiva transfusión a un paciente con hemorragia interna – y no se hizo nada en cuanto a la fuente del problema, es decir todas esas ejecuciones hipotecarias. Se desperdició un tiempo valioso mientras Paulson presionaba por su propio plan: “efectivo por basura,” comprando activos malos y trasfiriendo el riesgo a los contribuyentes estadounidenses. Cuando terminó por abandonarlo, suministrando a los bancos el dinero que necesitaban, lo hizo de una manera que no sólo estafó a los contribuyentes estadounidenses sino no logró asegurar que los bancos utilizaran el dinero para reiniciar los préstamos. Incluso permitió a los bancos que entregaran dinero a sus accionistas mientras los contribuyentes depositaban su dinero en los bancos.
El otro problema que no fue encarado tenía que ver con las amenazantes debilidades en la economía. La economía había sido sostenida con préstamos excesivos. Ese juego se había acabado. Al contraerse el consumo, las exportaciones mantuvieron en funcionamiento la economía, pero con el fortalecimiento del dólar y la debilidad en Europa y en el resto del mundo, era difícil ver cómo eso podría continuar. Mientras tanto, los Estados enfrentaban masivas caídas de los ingresos – tendrían que reducir sus gastos. Sin una acción rápida del gobierno, la economía enfrentaba un receso. E incluso si los bancos hubieran prestado sabiamente – lo que no habían hecho – era seguro que el receso significaría un aumento en las deudas perdidas, debilitando aún más al sector financiero en dificultades.
El gobierno habló de desarrollo de confianza, pero lo que presentó fue en realidad un timo. Si el gobierno hubiera querido realmente restaurar confianza en el sistema financiero, habría comenzado por encarar los problemas subyacentes – las estructuras deficientes de incentivos y el sistema regulador inadecuado.
¿Hubo una sola decisión aislada que, si hubiera sido revertida, habría cambiado el curso de la historia? Todas las decisiones, incluidas las de no hacer algo, como han sido muchas de nuestras malas decisiones económicas, son consecuencia de decisiones anteriores, una red interrelacionada que va desde el pasado lejano hasta el futuro. Se escuchará a algunos de la derecha apuntar a ciertas acciones del propio gobierno – como ser la Ley de Reinversión Comunitaria (CRA), que requiere que los bancos pongan a disposición dinero para hipotecas en vecindarios de bajos ingresos. (En los hechos los incumplimientos de pagos en los préstamos basados en la CRA fueron efectivamente mucho menores que en otros préstamos.) Muchos han culpado a Fannie Mae y Freddie Mac, los dos inmensos prestamistas hipotecarios, que originalmente eran de propiedad gubernamental. Pero en los hechos llegaron tarde al juego de las hipotecas de alto riesgo, y su problema fue similar a los del sector privado: Sus jefes ejecutivos tuvieron el mismo perverso incentivo para lanzarse al juego.
La verdad es que la mayoría de los errores individuales se reducen a sólo uno: la creencia en que los mercados se ajustan solos y que el papel del gobierno debiera ser mínimo. Al mirar retrospectivamente esa creencia durante las audiencias en el otoño de este año en el Congreso, Alan Greenspan dijo en voz alta: “He encontrado un defecto.” El congresista Henry Waxman lo presionó, diciendo: “En otras palabras, usted ha descubierto que su visión del mundo, su ideología, no era correcta; no funcionaba.” Ciertamente, precisamente,” dijo Greenspan. La adopción por EE.UU. – y gran parte del resto del mundo – de esa filosofía económica defectuosa hizo inevitable que hayamos llegado al lugar en el que nos encontramos actualmente.

*Joseph E. Stiglitz, economista galardonado con el Premio Nobel, es profesor de la Universidad Columbia.
Nota: Publicado originalmente en la revista estadounidense Vanityfair (http://www.vanityfair.com/magazine) y traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

Saturday, November 22, 2008

Obama y la Política de la Esperanza

*Nieves y Miro Fuenzalida.

Estados Unidos ha construido la imagen del presidente electo Barack Obama como un nuevo tipo de político capaz de lograr grandes cosas y actualizar las esperanzas del pueblo americano por un nuevo futuro que transformara al país y al mundo. Su mensaje de cambio y renovación ha energizado el ambiente político y provocado lágrimas de felicidad en sus partidarios que no veíamos por mucho tiempo. La misma prensa también considera a Obama como el senador mas liberal del partido demócrata. Si todo esto es así ¿que podemos esperar de su política exterior?
Criticando la pol
ítica norteamericana un profesor de la Universidad de Harvard mencionaba la limitación de las libertades cívicas, la detención sin defensa, el asalto al Estado de Bienestar, el apoyo al rico, la aceptación de la desigualdad económica global, el cambio de la doctrina estratégica en las relaciones internacionales y la transferencia del control político a las manos del Presidente. Pero, continuaba, a pesar de ello, EEUU continua siendo una democracia liberal. Frente a esto uno podría preguntarse si, a pesar de esto, EE.UU. continua siendo una democracia liberal ¿no será, entonces, la democracia liberal el problema?
Michael C. Desch en un reciente ensayo hace notar que si no fuera por la tradición liberal EEUU vería la amenaza del terrorismo global en forma mucho menos alarmista y adoptaría políticas más restringidas como respuesta a su amenaza. Incluso, dice, la actitud política predominante en el gobierno de George W. Bush tiene profundas raíces en la misma tradición liberal.
Dentro de EE.UU. el absolutismo liberal alimenta la ambici
ón de extender el liberalismo más allá de sus bordes. El origen de esta ambición es posible encontrarlo en la influencia de Kant. Según él una sociedad justa y próspera en uno o pocos países no es posible a largo plazo. Para hacer al mundo seguro para las democracias occidentales uno tiene que hacer a todo el mundo democrático. Un país con un buen orden presupone buen orden en todos los países y entre todos los países. La intervención exterior para cambiar un régimen tiránico se justifica por la necesidad de actualizar la hegemonía global del sueño liberal. La presencia de estados no liberales es una amenaza y el liberalismo kantiano puede servir de justificación filosófica para la intervención y la hegemonía. John Rawls, uno de los mayores exponentes del liberalismo del siglo XX, justifica la expansión del liberalismo, no solo por razones defensivas, sino como una obligación política natural del principio liberal. Las sociedades liberales están obligadas a dejar el estado natural y someterse, junto con otras, a la regulación de una ley razonable y justa. Para obtener esto, afirma, las sociedades pueden, incluso, emplear la fuerza militar.
El liberalismo, en principio, es tolerante de regímenes no liberales. Pero, en la práctica, los
únicos regímenes no liberales que la sociedad liberal puede tolerar son los que adoptan valores liberales. Los Estados Liberales, entre 1871 y 1965, iniciaron el 65% de las guerras menores en contra de estados más débiles (Melvin Small y David Singer). La paradoja de la tolerancia liberal se rebela en su impulso expansionista. El presidente Wilson expande la democracia liberal en Europa después de la Primera Guerra Mundial, mayormente, a través de acuerdos y organizaciones internacionales. En cambio, tomo una aproximación diferente en América Latina en donde uso la fuerza militar en siete ocasiones diferentes (Cuba 1917. Republica Dominicana, 1916-24. Haití, 1914, 1915-17, 1918-24 y México, 1916-24) lo que ilustra en que medida su capacidad hegemónica, su superioridad militar, determinan la forma en que la tradición liberal se va a manifestar.
El presidente G.W.Bush no ha sido ajeno a esta tradición liberal norteamericana. Liberales y neo-conservadores son más parecidos de lo que est
án dispuestos a admitir en sus ambiciones ideológicas y en sus justificaciones morales. La diferencia entre intervensionistas liberales e intervensionistas neoconservadores es una cuestión de grado más que de principio. En relación a las instituciones internacionales los neo-conservadores son más unilaterales que los liberales, que creen que la política exterior se debe conducir dentro de un marco multilateral y bajo los auspicios de instituciones internacionales. Pero, a pesar de esta diferencia, ambos tienen en común lo suficiente para ubicar a los neo-conservadores en la tradición liberal norteamericana. La administración de Bush, por ejemplo, participa de las premisas claves de la tradición liberal…“creo que EEUU es el farol de la libertad en el mundo. Y creo que tenemos la responsabilidad de promover la libertad, que es tan solemne como la responsabilidad de proteger a la Nación, porque las dos van juntas (en entrevista con Bob Woodward). La libertad de Irak será un ejemplo para la región y el pueblo americano estará mas seguro. La administración de Clinton y la de Bush han compartido la misma idea. Mientras mas democracia y liberación política y económica haya en el mundo mas segura estará nuestra nación y mas prospero será nuestro pueblo (Clintons National Security Strategy, 1999).
Para Jimmy Carter
la expansión de la democracia es más importante que mantener la estabilidad, y es esta creencia la que lo llevo a empujar a los aliados de Norteamérica a respetar los derechos humanos y llamar a elecciones durante la guerra fría, incluso, cuando eso podía significar la perdida del poder de esos aliados. El mismo compromiso es posible ver en la administración de Bush en Irak después de la caída de S. Hussein, en las elecciones en Gaza y, recientemente, en Pakistán, a pesar de los resultados adversos. Paradójicamente, esta misma creencia liberal ha ayudado a producir muchas de las políticas iliberales del presidente Bush. Es a través del lente del liberalismo, por ejemplo, que EE.UU. ha rechazado la política de contenimiento o cualquier otra estrategia en favor de la eliminación del enemigo de una vez por todas. Es esta misma creencia la que alimenta la tendencia iliberal a la búsqueda de la hegemonía, la guerra preventiva, la restricción de las libertades cívicas e, incluso, el uso de la tortura. Exagera la amenaza que los Estados no liberales presentan a la Nación y sub estima el desafío asociado con la insistencia de expandir el liberalismo más allá de sus fronteras.
Bush no ha sido una excepci
ón en la búsqueda de la hegemonía de EE.UU. en el mundo. El presidente B. Clinton también afirmaba que EE.UU. tiene una responsabilidad especial en proveer dirección global (National Security Strategy, 1996). Madeline Albright declaró en Europa que nosotros somos la Nación indispensable. Sobresalimos y miramos más lejos dentro del futuro. Por ello, cuando Condoleezza Rice declaró en el año 2002 que EE.UU. era el guardián del mundo (Office of the Press Secretary, National Security Advisor Speaks at Texas A&M) no constituyó un alejamiento dramático de la administración anterior. Y, hace un año atrás, el presidente electo B. Obama afirmó que América es la última, la mejor esperanza de la tierra (Remarks of Senator Barack Obama to Chicago Global Affairs Council," Chicago, Illinois, April 23, 2007). Este excepcionalismo contenido en el liberalismo norteamericano, al unirse con los intereses de las corporaciones, irónicamente, se transforma en un nuevo mito imperialista. Al comentar la invasión a Irak Tony Judt decía Hoy día, los liberales americanos son los tontos útiles de la política internacional iliberal de la Administración de Bush.
El ambiente político norteamericano, ciertamente, se compone de múltiples tradiciones. Pero el liberalismo ha sido, y continua siendo, la ideología más consistente e influyente en la historia del pa
ís. La derecha evangelista, en los últimos años, ha tenido un notable resurgimiento, adoptando una posición moral teológica que desafía el relativismo cultural neoliberal. Pero, esta también contiene la misma ambición de dominio, esta vez, en lenguaje teológico. La visión hegemónica de la política americana, ya sea en su versión liberal o evangélica, no es solo un agregado externo a sus ambiciones militares, sino la que impulsa estas ambiciones. La vacilación liberal entre aislacionismo, cuando no puede cambiar el mundo, y el mesianismo, cuando puede hacerlo revela el hecho de que no puede vivir confortablemente con lo que es diferente o ajeno a su visión y que no puede afirmar su interés nacional sin tener que rehacer el resto del mundo a su imagen.
No hace mucho B. Obama sugiri
ó que bajo su presidencia EE.UU. podría iniciar acciones unilaterales en contra de los militantes concentrados en Pakistán si el gobierno no lo hacia (Foreignaffairs.org, September 20, 2007), indicando con ello que el también participaba del consenso en mantener y usar una fuerte presencia militar en el mundo. A pesar del reconocimiento de los problemas que esta política ha causado comparte el mismo optimismo en la continuación de la hegemonía mundial de EEUU. Si el legado de Irak pudo haber proveído algún equilibrio y una nueva base a la política exterior norteamericana del siglo XXI este no ha sido el cambio de fines. Solo el cambio en los medios a emplear. Ambos partidos, a pesar de las diferencias de detalle, empiezan a favorecer una política multilateral y una mayor apreciación del papel de las instituciones internacionales para recuperar cierta legitimidad en la persecución de los mismos fines. La convergencia filosófica entre Obama, el partido demócrata y el partido republicano pareciera ser mayor de lo que la retórica electoral expresa.
Mirando las lágrimas de regocijo por el triunfo de Obama, que trae la promesa de un mundo mejor, uno quisiera suspender la duda y el cinicismo político y unirse al sue
ño de que un nuevo mundo se nos abre Después de todo no olvidemos que Obama también es parte de otra corriente de luchas sociales que nace con los esclavos y da origen al movimiento cívico de los 60s con lideres como Malcom X que desarrolla una de las mas lúcidas criticas al imperialismo norteamericano y Martín Luther King con su poderoso llamado a la lucha por la igualdad y justicia económica y que hoy continua en la Teología Negra. Nos preguntamos ¿Cuál de estas narrativas ocupara un lugar central en las decisiones de esta extraordinaria figura política? ¿Los millones de electores que exigen un nuevo mundo serán espectadores pasivos o empujaran con toda su participación para que esto ocurra? Y ¿Por cuanto tiempo podremos suspender el escepticismo?

*Los autores son escritores y docentes chilenos residentes en Ottawa.

Thursday, October 23, 2008

“La realidad jamás estuvo a la altura del sueño americano”


Entrevista a Paul Krugman
Paul Krugman, profesor de economía de la universidad de Princeton y columnista del diario New York Times, acaba de recibir el premio Nóbel de economía 2008. En esta entrevista publicada en Alternatives Economiques, realizada por Christian Chavagneux,analiza la situación social norteamericana.
"Es necesario suprimir los bajos impuestos establecidos por Bush porque sabemos que son inútiles. Tuvimos una economía muy próspera bajo el gobierno de Clinton con una tasa de impuestos sobre las rentas superiores al 39,6 por ciento, y una economía menos próspera con Bush a pesar de una tasa del 35 por ciento. No hay un solo argumento racional para seguir en la misma vía. Por otro lado, no hay razón para aceptar los paraísos fiscales y desvíos que ellos permiten. Finalmente, hay un margen para aumentar las cargas fiscales sobre los más ricos. El objetivo no es penalizar a la gente rica, consiste solamente en hacerles pagar su parte del financiamiento de las políticas públicas que el resto de la población necesita."

-Los Estados Unidos han conocido recientemente un ciclo de expansión económica importante, sin embargo las desigualdades y la pobreza se acrecentaron. ¿Cómo lo explica?

Esto responde, en gran parte, a un cambio en las relaciones de fuerza políticas. La masa de los asalariados perdió mucho poder de negociación y como lo explico en mi último libro (1), las condiciones políticas tienen una influencia esencial en la distribución de la renta.

-¿Cuál ha sido el papel de las políticas seguidas por el gobierno de Bush?

Bush hizo dos cosas. Modificó el sistema fiscal en un sentido muy regresivo, con fuertes bajas en los impuestos sobre las rentas más elevadas, los dividendos y las ganancias de capital. Ello benefició a los más ricos y al mismo tiempo redujo los fondos disponibles para las políticas públicas y la ayuda a los más necesitados. Podemos estimar que entre el 35 y el 40 por ciento de las reducciones de impuestos de Bush han beneficiado a las personas que ganan más de 300.000 dólares por año (alrededor de 210.000 euros), lo que representa una redistribución importante a favor de aquellos que son justamente los que mejor están en condiciones de pagar impuestos. El gobierno de Bush, por otro lado, aceleró la perdida de poder de negociación de los asalariados, reduciendo muy fuerte toda posibilidad de organización sindical.

-¿Cuál es el papel de la globalización en el aumento de las desigualdades?

Debería, en principio, contribuir, pero mientras que las fuerzas de la globalización afectan a todos los países desarrollados de la misma forma, la distribución de la renta es diferente según el país. Los Estados Unidos forman parte de aquellos en que las desigualdades se acrecentaron mucho. Es menos cierto en Canadá, que está tan abierto como nosotros, y es menos cierto en Europa continental. Las desigualdades aumentaron mucho en el Reino Unido, aunque ello se produjo esencialmente durante los años de Thatcher. Las condiciones políticas nacionales predominan, pues, sobre la globalización, y es en los Estados Unidos dónde crearon un avance masivo de las desigualdades.

-¿Los norteamericanos pueden contar con una fuerte movilidad social para combatir las desigualdades?

No. Algunos individuos logran trepar en la escala social, pero no tanto como nos gusta imaginarlo. Las historias de personas que salen de la pobreza y se vuelven ricas son muy, muy raras. Hay sólo el 3 por ciento de personas nacidas entre el 20 por ciento de los más pobres que acaba su vida entre el 20 por ciento de los más ricos. Los Estados Unidos hasta parecen, en la medida en que se puede medir estas cosas, registrar el grado más débil de movilidad social entre los países avanzados.

-¿El sueño americano está entonces muerto?

No. De todas maneras, la realidad jamás estuvo a la altura de lo que el sueño americano dejaba esperar. ¡Pero nosotros comenzamos a despertarnos!

-¿Qué políticas tendrían que aplicarse para luchar contra esta situación social degradada?

En principio poner en marcha un sistema de seguro de salud que cubra a toda la población. Todos los países avanzados lo tienen. Y la ausencia de cobertura social representa una de las primeras causas de la desigualdad y de la pérdida de movilidad social. Luego, es preciso establecer un mejor sistema educativo, lo que pasa por reformas, pero exige igualmente de nuevos recursos. En fin, es necesario acrecentar el poder de negociación de los asalariados, facilitando la formación de sindicatos. La declinación del movimiento sindical no resulta de una tendencia inevitable a largo plazo: más de la mitad de la pérdida de poder de los sindicatos tuvo lugar durante la era de Reagan. Todo esto permitiría aumentar el número de empleos y las rentas destinadas a la clase media. Podríamos hacer una larga lista de medidas, sin embargo, pienso que poner en marcha una cobertura universal de salud, que es algo que se puede hacer, es una prioridad y representaría un gran paso adelante.

-¿Cómo se financia todo esto?

No es tan costoso como generalmente se piensa. Nosotros tenemos actualmente un sistema un poco particular: decimos no tener una cobertura médica pública, pero todas las personas mayores de 65 años reciben una asistencia financiera pública, también los más pobres. Si tomamos el total de las ayudas disponibles, más de la mitad de la cobertura en salud está ya asegurada por el Estado. Las personas no aseguradas hoy son los jóvenes o las familias jóvenes, las que por la precaria calidad de los empleos y sus ingresos insuficientes no pueden tener los beneficios de un seguro de salud privado. Estas personas no cuestan muy caro en términos de una cobertura de salud. Asegurar una visita médica regular, un control dental, etc. No es muy oneroso. En total, representaría menos del 1 por ciento del PIB.

-Usted reclama en su libro una nueva política fiscal…

En un plano general, necesitamos más ingresos. Es necesario suprimir los bajos impuestos establecidos por Bush porque sabemos que son inútiles. Tuvimos una economía muy próspera bajo el gobierno de Clinton con una tasa de impuestos sobre las rentas superiores al 39,6 por ciento, y una economía menos próspera con Bush a pesar de una tasa del 35 por ciento. No hay un solo argumento racional para seguir en la misma vía. Por otro lado, no hay razón para aceptar los paraísos fiscales y desvíos que ellos permiten. Finalmente, hay un margen para aumentar las cargas fiscales sobre los más ricos. El objetivo no es penalizar a la gente rica, consiste solamente en hacerles pagar su parte del financiamiento de las políticas públicas que el resto de la población necesita.

-A pesar de esta morosidad social, los Estados Unidos continúan siendo la primera potencia económica mundial ¿Cómo lo explica?

Los Estados Unidos continúan siendo un lugar privilegiado para el 5 por ciento de los más ricos. Las rentas de los dirigentes son elevadas. Es una sociedad abierta. Nosotros tratamos muy bien a nuestras elites. Como académico, siempre me ha sorprendido la apertura y la competitividad del mundo intelectual norteamericano en relación con el relativamente más cerrado de Europa, aunque últimamente ha mejorado. Pero vivimos también de nuestros laureles. Los Estados Unidos han sido, de hace mucho tiempo, los primeros en adaptar las nuevas tecnologías. Esto ya no es verdad. Nosotros registramos ahora un cierto retraso con relación a otros países. Una buena parte de la fuerza económica actual de Estados Unidos no es más que el eco del avance que nosotros tuvimos en los años 90.

Nota(1) L´Amérique que nous voulons, Ed. Flammarion, 2008.

Articulo publicado originalmente porAlternatives Economiquesy traducido por Carlos Abel Suárez para SinPermiso.info


Sunday, September 21, 2008

El legado de Pinochet y los Derechos Humanos

Por Nieves y Miro Fuenzalida*
En las últimas tres centurias hemos venido viéndonos a nosotros mismos como mucho mas maleables de lo que Platón o Kant soñaron. Y, mientras más impresionados quedamos con esta maleabilidad, más débiles se nos aparecen las nociones invariables de naturaleza o humanidad. Nuestro orgullo de pertenecer a una comunidad moral, o mejor dicho, a la cultura de los derechos humanos, es tan externo a nuestra "naturaleza" como lo es nuestro deseo por éxito económico o artístico. Es en este sentido que no podemos decir que Pinochet fue inhumano y sordo al imperativo "de las normas y reglas de la especie". Por el contrario. Él pertenecía a ese tipo de ser humano cuyo tratamiento de los que forman parte de su reducido círculo es moralmente impecable, pero que permanece indiferente al sufrimiento y dolor de todos aquellos que quedan fuera del grupo y que considera pseudo-humanos (“ratas comunistas”). Por ello no es de extrañar que cuando se descubrieron las sepulturas conteniendo, cada una de ellas, dos prisioneros asesinados por el régimen militar, respondiera ”Que económico” (Revista Hoy, Septiembre 9,1991).
Para ayudar al anhelo de una "comunidad planetaria" dominada por una "cultura de derechos humanos" no basta con decir que lo que tenemos en común, nuestra humanidad, es más importante que nuestras diferencias triviales. La prueba esta en aquellos que tratamos de convencer. Moralmente se sienten ofendidos frente a la idea de tratar a alguien que es "diferente" como si fuera un prójimo. Este tipo de mentalidad no se considera a sí misma como simplemente ser humano, sino como un "buen" tipo de ser humano, definido explícitamente en oposición a otro considerado "esencialmente" malo. Esta dualidad es imperiosa a su sentido de identidad. Él termino "ser humano" pasa, de esta manera, a ser sinónimo de miembro de mi "grupo” que se transforma en "paradigma" de la especie. El contraste los transforma en lo auténticamente real en oposición a aquella seudo humanidad rudimentaria, pervertida o deformada (marxista, sediciosa, terrorista o infiel) que es necesario silenciar o eliminar.
Desde el renacimiento adelante el mundo empezó a presenciar cambios que revelaron el surgimiento de nuevas formas de coexistencia. La magia, el mito y el dogma empiezan a quedar atrás para dar paso a la razón y a la posibilidad de una moral universal. No lo que es bueno para mi grupo o mi raza, sino lo que es bueno y justo para todos los seres humanos, independientemente de raza, sexo o creencia. Vemos una explosión de movimientos liberadores… de esclavos, de mujeres, de intocables. En no más de 100 años (de 1788 a 1888) la esclavitud fue puesta fuera de la ley y eliminada de cada sociedad industrial existente. La edad de la razón fue la edad de la revolución. Es el mito de la razón revolucionaria que pretende transformar la sociedad hasta sus mismos cimientos. Es la lucha apasionada por la abolición de la subyugación del hombre y la mujer al poder de la Iglesia y el Estado. Es la lucha por la igualdad de los derechos, por la existencia de la democracia y el pluralismo. Para materializar este sueño se establecen las instituciones legales y jurídicas capaces de llevar a cabo y defender estos derechos y extenderlos a toda la humanidad. Todo esto es elemental. Y, sin embargo… todo esto es lo que el golpista Pinochet negó, retrotrayendo la historia de Chile a una etapa dictatorial en donde el único criterio legal provenía, exclusivamente, de “mi General” y el derecho a la vida se fundó, no en el estado jurídico universal, sino en los caprichos ideológicos del dictador. Con la fuerza arbitraria del tanque y la metralleta hace tabla raza de la razón y borra de una plumada una tradición democrática nacional que, laboriosa y difícilmente, Chile había venido construyendo a través de toda su historia en su intento de liberar al estado del poder militar. Con Pinochet la prisión, la tortura, la desaparición y el crimen sin juicio tomaron precedencia sobre el estado de derecho. La respuesta golpista militar al gobierno legítimamente constituido fue rápida, violenta y sangrienta. La justificación de esta masacre colectiva, dada por la dirección militar, se baso en la conclusión de que los intereses nacionales estaban en peligro y temían que en corto plazo el país se vería convulsionado por una guerra civil que pondría en peligro, no solo la integridad de las fuerzas armadas, sino la existencia misma de la Nación. Inmediatamente después del golpe la junta diseminó un documento argumentando que los marxistas tenían planeado un auto golpe que empezaría con el asesinato de oficiales militares y policiales. En tales circunstancias cualquier acción preventiva para proteger la nación era justificable y no institución, sea política o judicial, podría ser respetada, si el objetivo era salvar al país. Pinochet estaba tan seguro de su misión que luego remarco que había sido guiado por la divinidad en sus esfuerzos. La ayuda divina también ha guiado hoy día a Bin Laden y George W. Bush.
Independientemente de la veracidad de estas conclusiones, el liderazgo militar, con unas pocas excepciones honorables que en poco tiempo fueron silenciadas, ignoró la existencia de normas claras que prohíben cierto tipo de conducta en el despliegue de hostilidades, ya sea en conflictos armados internacionales o nacionales. Entre estas normas están aquellas que prohíben matar o torturar prisioneros y las que establecen estándares legales justos para aquellos acusados de ofensas criminales, por muy excepcional que sea el carácter del juicio (Informe de la Comisión Rettig, 1993).
¿Cómo sería posible definirnos en términos no exclusivistas? Ni la argumentación transcendentalista del imperativo categórico ni el esencialismo naturalista han sido suficientes para lograrlo hasta el día de hoy. Él filosofo norteamericano Richard Rorty dice que, tal vez, un argumento más eficaz seria el de concentrar nuestras energías en manipular nuestros sentimientos a través de esa forma de educación que relacione gente de diferente tipo con la esperanza de que el mutuo conocimiento disminuya la tentación de pensar en aquellos diferentes a uno mismo como solo cuasi-humanos. Manipular sentimientos es imaginarse en los zapatos de los oprimidos, despreciados y perseguidos. Es desarrollar la capacidad de sentir por el otro de una manera mucho más intensa de lo que habitualmente somos capaces y de abrir la posibilidad de expandir nuestra identidad más allá de los términos puramente discriminatorios. Cuando Pinochet, hace algunos años atrás, corrió el riesgo de ser juzgado en un tribunal ingles por los crímenes cometidos durante su dictadura, Ariel Dorfman escribió en aquella ocasión “Yo creo que el penúltimo, el último, el definitivo estertor del general debería darse en aquella tierra de Chile”. La magnanimidad del escritor chileno de perdonar al asesino Pinochet en los últimos días de su vida y creer que tenia el derecho a morir en su patria (sabiendo que la patria no tenia el poder ni el coraje para juzgarlo), es posible que se deba, no al imperativo de la especie -normas, reglas, principios- que él imagina escuchar, sino mas bien, a esta manipulación sentimental de la que habla Rorty.
Pero, esta manipulación de nuestros sentimientos ¿nos llama también a ser “simpáticos” con los torturadores, asesinos y fascistas? ¿Qué la inclusión y tolerancia son ilimitadas? Por supuesto que no. La idea aquí no es despojarlos de sus derechos, sino, confrontarlos con sus decisiones y acciones sociales. Los asesinos políticos deben responder a la justicia de su Nación o a la Comunidad Internacional por sus crímenes. Chile no logro estar a la altura de este proyecto. Su impotencia institucional no pudo responder completamente a la necesidad de justicia de las victimas. El poder militar, que sé auto designa custodio de los valores de la Patria (propiedad privada, familia e iglesia), se asegura que los que pertenecen a su elite se ubiquen más allá del poder legal. La amenaza golpista se desata cada vez que su inmunidad esta en juego. Esta fue una oportunidad perdida para ingresar plenamente a la“cultura de los derechos humanos”.
La sensación de frustración de los que han venido luchando por los derechos humanos surge, primariamente, debido a la ausencia de estructuras institucionales adecuadas capaces de implementarlos. El único poder disponible pareciera ser la persuasión moral y la manipulación afectiva, como dice Rorty. Solo que, a pesar de sus importantes logros, constituyen meros mecanismos retóricos más bien que marcos legales. La intervención de la NATO en Kosovo en 1998 se basó en él poder militar de las naciones dominantes que colocaron la defensa de los derechos humanos por encima del principio de la soberanía nacional, pero solo, en tanto esta soberanía era la de los otros, no la nuestra. La lección de ello fue que la aplicación universal de los derechos humanos no puede realizarse sin la institucionalización de su estructura legal. Las diferentes “comisiones de la verdad” que surgieron después de las violaciones masivas de los derechos más elementales en Sud África, Guatemala, Argentina y Chile intentaron establecerse como estructuras legales capaces de trascender los marcos nacionales al confrontar crímenes cometidos por el estado. El problema con ellas es que solo se limitaron a revelar los hechos del pasado sin buscar castigo para los culpables y, muchas veces, incluso, garantizando la inmunidad a aquellos que testificaron. La revisión de los casos históricos apuntaba, principalmente, a una discusión nacional y a un cambio en el balance político y en otros, como en Chile, el objetivo fue la búsqueda de una terapia nacional que dejara los problemas en el pasado y se restaurara el orden tradicional. Al final del día, tales comisiones no constituyeron una institución efectiva de justicia. Los tribunales internacionales, por otra parte, constituidos después de conflictos nacionales para juzgar crímenes de guerra, son otro intento de crear instituciones legales que se ubiquen más allá de las estructuras legales nacionales. Desgraciadamente, su espectro es limitado (solo consideran los crímenes más horribles, con mandato limitado) y muchas veces funcionan únicamente como una excusa para cubrir las operaciones de los victoriosos o neutralizar y pacificar conflictos más que para crear justicia. Diferentes de estos son los experimentos de la corte internacional permanente. En el 2002 la Corte Criminal Internacional Permanente fue establecida. Todos los países que ratificaron sus estatutos están sujetos a sus dictámenes. Pero, a diferencia de los Tribunales Internacionales de Rwanda y Yugoslavia, no tiene precedencia sobre las cortes nacionales y solo considera crímenes que están mas allá de su jurisdicción. Sin embargo, a pesar de ello, las cortes internacionales, mas que ninguna otra institución existente hasta el momento, abren la posibilidad de un sistema global de justicia cuya función es la de proteger igualitariamente los derechos de todos. El mayor obstáculo a instituir un sistema global o supra nacional de justicia proviene de las naciones más poderosas (como Estados Unidos, por ejemplo) que se niegan a ratificar los estatutos de la corte criminal internacional, haciendo imposible la consolidación de las aspiraciones a una justicia universal, lo que deja solo en su lugar la ley del mas fuerte. Hasta ahora, no es mucho lo que podemos esperar de las “comisiones de la verdad”, de los tribunales y de las cortes internacionales de justicia criminal. En muchas ocasiones ellas solo han funcionado para neutralizar o pacificar conflictos, más que para hacer justicia.
La afirmación de alguna forma de universalidad de los derechos humanos, sin los cuales una sociedad realmente democrática es imposible, es uno de los vocabularios construidos temporalmente por agentes sociales que han entrado a formar una parte central de nuestros valores y nuestra cultura. Su universalidad es mejor entendida en su versión histórica y contingente mas bien que en su versión metafísica (dios, naturaleza, razón). Se originan en el discurso religioso, se insertan en el mundo político durante el iluminismo y empiezan a generalizarse, cada vez más, con las revoluciones democráticas de los dos últimos siglos. La conciencia de su historicidad nos hace responsables de su existencia. Confrontados con las masacres del siglo XX necesitamos, en lugar de buscar refugio en el trascendentalismo de lo mitos religiosos o racionalistas, de todo nuestro coraje moral para admitir la contingencia de nuestras creencias y que, a pesar de su contingencia, o mejor, debido justamente a ella, la lucha por los derechos humanos es una lucha que vale la pena llevar a cabo.

*Los autores son escritores y docentes chilenos residentes en Ottawa.